martes, 24 de abril de 2012

El Discurso Obligado---Como el Amor Obligado---No Sabe a Nada

Ver y escuchar a Luis Fortuño en su último discurso a la Legislatura produjo en mi ánimo, y seguramente en el País, el mismo efecto que un purgante de saldigueras --- sal sosa --- producía en mi niñez para combatir los parásitos.

¡Que cuajo!, diría mi vieja.  Después de repartirle por tres años y medio el tesoro del pueblo a sus amigotes --- ricos que lo han hecho a él multimillonario --- comparece ante ese pueblo para decirle --- con carita de barbilampiño --- que todo está mejor, y que como decía Rosselló, “lo mejor está por venir”.  ¡Supongo que será la muerte, la inconsciencia!

Su sonsonete gastado es “la administración anterior”.  Olvida, cínicamente, que la administración anterior fue la de Primitivo Aponte y Kenneth McKlintock, hoy sus títeres incondicionales, ayer de Rosselló.

Cuando se pierde de esa manera la vergüenza, el pudor, lo que el jíbaro llama “el calor en la cara”, puede decirse cualquier cosa.  Eso ocurre en forma simultanea a los informes de la prensa que detallan cómo Roger Iglesias e Ivar Pietri --- uno agente de Rivera Schatz y el otro de Fortuño --- reciben millones ---21 millones en el caso de Pietri --- para, como ingenieros, supervisar la construcción de las “escuelas del siglo 21”.  Y no son ingenieros, como lo requiere la ley.

Fortuño, Pietri y Roger Iglesias le roban --- mediante artimañas corporativas --- a los maestros, los niños y los padres, el dinero que debe ir a las escuelas.  Pero para Fortuño enriquecer a sus protegidos y socios de la construcción es la primera prioridad.

Fortuño está usando la realidad miserable de las escuelas como mingo para hacer millonarios a sus amigotes.  Es un regreso al robo masivo de los dineros de las escuelas del Departamento de Educación para propósitos de enriquecimiento ilícito.  ¡Víctor Fajardo vive! 

Lo dijo el fiscal federal Gil Bonar hace cuatro años:  la corrupción tiene nombre y apellido.  Se llama PNP, que es claramente una empresa criminal y  su jefe de operaciones es Luis Fortuño.

Las palabras son de gratis.  Los hechos son implacables.  Luis Fortuño abusa de las palabras para encubrir los hechos.

¡Es el gobernador más corrupto que ha sufrido el País, desde Romualdo Palacios y el “componte” de fines del siglo 19!  Ello ocurre siempre cuando el poder democrático liberal se pervierte y se vuelve fascista y depredador.  Aunque lo que “compone” Fortuño es el dinero del pueblo, y el fraude moral y legal que dirige.  El “señorito satisfecho” de que hablaba José Ortega y Gasset es totalmente amoral, como la cultura  corporativa que lo ha formado.

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