martes, 3 de abril de 2012

Washington Nunca Dijo una Mentira. ¿Y Fortuño?

Jorge Washington constituye el ícono ideal norteamericano con respecto al valor de la verdad.  Tanto es así que en el imaginario americano se proclama como que nunca dijo una mentira.

Claro está, lo anterior se entiende en el contexto de su vida privada y sus funciones públicas.  Porque como militar, frente a poderosos enemigos, la mentira era un deber táctico.  En ese ámbito, sin embargo, todo se vale.  Por lo que puede decirse que su honestidad privada y pública, y sus engaños militares al enemigo imperial fueron parte de una misma función exitosa como líder de su joven nación.

En todo caso, Washington demostró que no se puede mentir todo el tiempo, para salir de atolladeros políticos de su propia creación.  Uno supondría que un americanito como Fortuño se acogería a estas distinciones en su vida pública.  Pero no.  En su caso miente a tiempo y fuera de tiempo.  Ahí el ídolo americano no ha calado en absoluto.

Tengo ante mi la homilía que hoy 3 de abril nos regala Fortuño en una columna escrita, sobre la Semana Santa.  Típico catolicón de catedral --- aunque mandó a desbarrar al Arzobispo --- repite todas las banalidades del fariseo, mientras practica la demagogia política con los fundamentalistas pentecostales, con fondos públicos, mintiendo a derecha e izquierda, a contrapelo de la Constitución que juró defender.  Y todo en vano, porque el pueblo --- incluyendo los religiosos de ambos bandos --- han repudiado esa demagogia, como quien dice: “!Te conozco, bacalao, aunque vengas disfrazao!” 

A la vista está: en las primarias fraudulentas del 18 de marzo en el PNP, los clientes fundamentalistas de Fortuño no aparecieron.

¡Sorpresas te da la vida!

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