domingo, 15 de abril de 2012

A los Tres Años del Infortunio de Fortuño

Existen dos tipos de embusteros.  Unos --- los embusteros científicos, tienen método --- mienten como una cuestión de táctica circunstancial.  A un propósito, una mentira correspondiente.  Los otros --- los embusteros patológicos ---, no pueden evitar mentir porque no distinguen entre la verdad y la mentira.  Mienten como la cosa más natural del mundo.  A esta especie de mentirosos pertenece Luis Fortuño.  Mintió en sus promesas políticas, miente en sus incumplimientos, y al señalársele ambas cosas miente cambiando los términos de la promesa y del hecho patente de sus incumplimientos.  Entonces dice:  “yo no dije eso”, “lo que yo dije fue esto otro” y vaya usted a saber.

El hombre tiene una pasión federal de índole claramente erótica.  Policías federales, superintendentes federales y soluciones federales a problemas netamente puertorriqueños, además de ideología oligárquica republicana federal, y cortes federales para entender en conflictos o diferencias internas al Estado Libre Asociado que juró defender en su juramento de toma de posesión pero que traiciona todos los días.

Pero como dice un viejo aforismo bíblico del Antiguo Testamento:  “tu pecado te alcanzará”.  Y así ha pasado con los embustes y promesas falsas de Fortuño esta semana.  La rebaja de la luz y el agua, entre otros muchos engaños, ahora declara que no se pueden cumplir.  La corrupción interna de esas agencias llega a los cielos.  Porque los chavos no dan para robar y dar buenos servicios económicos a un tiempo.  El gato está fuera del saco.  Las promesas engañosas a sabiendas, y su incumplimiento, eran cosas que sabíamos desde el principio.  Ahora el hombre le dice al País, en una confesión patética, que no puede cumplir esas promesas.

Pero aún en el acto de confesar el hecho de su engaño, incurre en uno nuevo, y esta vez a nivel federal.  Porque le dice al País, acá entre nosotros, que ha cumplido con todos los requisitos de permisos federales para el Tubo de la Muerte, que el cínicamente  bautizó como Vía Verde y que ahora los federales de la EPA y del Cuerpo de Ingenieros le salen al paso y desmienten las declaraciones de Fortuño de supuestamente haber cumplido con todos los documentos requeridos.  Los federales no le dicen que miente, como le decimos aquí en boricua, sino que no es verdad lo que alega y le dice al pueblo sobre esos permisos.  Los permisos no existen.  Los documentos no existen.  Lo que sí existe es la patología endémica de la mentira de Luis Fortuño, y ahora a nivel federal.

El País debe pedir la previa, es decir, volver a la discusión y decisiones políticas previas a las elecciones del 2008.  Con tres años basta.  El País no aguanta más. 

¡ Que se vaya! ¡Que se anule la tragedia de estos tres años de infortunio!

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