miércoles, 11 de julio de 2012

La Vida Política

En el habla común se distingue la vida personal, privada, de la vida pública.  Si se entiende esa polaridad en términos generales, puede aceptarse como una diferencia de énfasis sobre el origen y la finalidad de nuestras acciones.  Pero en realidad ambas dimensiones de nuestras vidas actúan en recíproca interacción.  Se trata de una distinción, de una diferencia, pero nunca de una separación --- la vida privada insulada frente a la vida pública, y esta última con valores, fines y procesos separables de las vicisitudes de la vida personal.

La vida privada se planifica en la intimidad, mientras la vida pública se realiza en la política, en lo externo de nuestras acciones con relación a los otros.  La ética es personal; la moral es pública, porque se refiere a los valores operantes de una comunidad política, y política por ser social, como es el hombre intrínsecamente.

Vayan por delante estas breves distinciones como preludio a lo que sigue:  una exploración de los motivos que llevan a los hombres y mujeres a la vida política, a la representación política del pueblo, a cuyo nombre se ejercita el poder público de la comunidad, desde el Estado.

El Estado --- y el gobierno que lo representa --- es neutral desde el punto de vista de los valores y programas que se agitan en la comunidad política.  Son las personas privadas en su acción pública, como grupos de interés, como facciones, como partidos políticos, los que le dan contenido valorativo, ético, programático, a la posible acción del Estado sobre la sociedad. 

Sin la acción personal --- privada en cuanto pueden serlo --- sobre el estado y el gobierno, no existe la vida política, pública, comunitaria.

La pregunta crucial que debemos hacernos es la siguiente:  ¿qué lleva a las personas privadas --- padres, madres, profesionales, obreros, estudiantes y profesores --- a la vida política, a afectar las vidas privadas desde la vertiente pública, gubernamental?  No tengo duda que en la mayoría de los casos se trata de una motivación entusiasta por el bien colectivo, comunitario, público.  En mi vida personal y en la de mi generación viví esa experiencia gozosa del servicio a mi País y a mi gente.  No fuimos a buscar nada, sino a llevar, a dar… esfuerzo, inteligencia, experiencia.  Lo mismo hizo la generación anterior, con enormes sacrificios personales, poniéndolo todo al servicio del público como País.

Dos ejemplos luminosos me humedecen los ojos, por tratarse de dos amigos entrañables, siendo ellos veteranos y yo joven senador andando a tientas por los recintos legislativos:  Jorge Font Saldaña, después de ocupar --- por décadas --- las más altas posiciones legislativas y ejecutivas, murió en la pobreza, en una modesta casita alquilada, en la calle Unión de Miramar.  Don Antonio Fernós Isern fue, a decir de Don Luis Muñoz Marín en sus honras fúnebres --- actos que su familia me pidió que dirigiera, como ocurrió también en el caso de Jorge Font --- el arquitecto del Estado Libre Asociado, y Muñoz el político que lo hizo posible.  Pues ese gran señor, en su oficina de senador de 1965 al 1969, tenia dos gavetas en su escritorio:  una para los sellos oficiales, pagados por el Senado, y otra para los sellos de su correspondencia personal, pagados por él mismo.

Para aquellos cuya pereza mental no les permite enterarse de nuestra historia política, hay que martillarle, sobre las orejas y la nuca, que no es correcto excusar la perversión de la vida pública actual con el sonsonete ignorante y estúpido de que todos los partidos y todos los políticos han sido y hecho lo mismo, háblese de los años cuarenta o de nuestra sórdida realidad política en Fortaleza y Puerta de Tierra.

La vida política es una vocación moral de servicio.  Su prostitución actual no invalida su necesidad a la mayor brevedad. 

¡Hay que lanzar los mercaderes del templo, a foetazo --- a voto --- limpio!

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada