miércoles, 18 de julio de 2012

SILA...

La exgobernadora Sila María Calderón, que hizo una gobernación efectiva y digna, no exenta de errores, pero en balance honesta y productiva, publicó una excelente columna en El Nuevo Día el pasado sábado recordándole al pueblo y al gobierno de Puerto Rico en qué País vivimos:  un país de los más violentos e inseguros del planeta, a causa de ser uno de los más desiguales en oportunidades y haberes para la vasta mayoría del pueblo.  Más que vasta, la violencia y la desigualdad --- la primera por causa de la segunda ---, es vastísima. 

Persona de holgados medios materiales, Sila representa la tradición moral de que la nobleza obliga.  De que el fin y propósito de la vida personal, y de la gestión de gobierno no es hacerse más rico mediante  la influencia del poder, a lo Luis Fortuño, a lo Rafael Hernández Colón, a lo Carlos Romero.

La compasión y la responsabilidad contraída con un pueblo que elige un gobernador lleno de esperanza --- de paz y de igualdad --- exige políticas e instituciones que encarnen y realicen esa aspiración.  Sila María Calderón, mujer rica desde antes de entrar al servicio publico, demostró que a pesar de la riqueza material se puede aspirar a realizaciones morales, y en su caso dejó un legado doble:  no toleró la corrupción de sus funcionarios públicos, y tomó como causa suya --- personal y oficial --- la educación y la habilitación de las comunidades pobres para hacerse cargo de su propio destino, en su sitio:  decidiendo, mejorando, reconstruyendo, con la autonomía moral y económica que le ofreció el Programa de las Comunidades Especiales, abandonadas luego por sus sucesores, hasta el extremo de la destrucción a manos de Luis Fortuño, que se las ha entregado a los buscones del fundamentalismo a cambio de votos.

Frente a los banderines que se agitan ante al electorado en una campaña que toma y deja las cosas como están --- como advierte Sila que están --- Sila representa un análisis y una exigencia transformadora de liderato político oficial y opositor.

El planteo político --- y más que político, moral --- que Sila le hace a los partidos y candidatos que pugnan por el poder del pueblo es el siguiente:  ¿Son esas candidaturas y mensajes relevantes a la realidad límite de violencia y desigualdad que vive el País?  O ¿se trata meramente de sobar, de babear los problemas, sin compromiso radical de transformación, en las áreas cruciales de la vida real --- educación, salud, seguridad y justicia distributiva, es decir, igualdad?  Porque si no, se trata de un engaño monumental que la clase política realiza sobre la credulidad del pueblo.

Ese es el planteo de Sila.  Y significa, andando el tiempo, que si queda País, después de las próximas elecciones, Sila no ha terminado con el servicio público más allá de su Centro de Servicios al País.  Ella representa una reserva moral y política activable en caso de emergencia.

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