lunes, 16 de julio de 2012

Los Mercaderes Roban en el Templo: ¿Y dónde está el Cristo?

El hecho histórico que narra el Evangelio, de un Cristo colérico ante el escarnio de mercaderes que prostituían el templo de la adoración de los fieles, se ha convertido en nuestros días en punto de referencia para juzgar a todos los que dicen “Señor, Señor” hipócritamente.  No hay más que fijarse en Luis Fortuño y su comparsa, catolicones de catedral --- por lo menos antes que el actual Arzobispo la presidiera --- convertido en líder Pentecostal --- él y su señora --- en busca de votos fáciles, donde impera la ignorancia y la entrega de la voluntad a los listos, sean pastores o políticos.

Toda esa operación manipulativa de pastores y feligreses fundamentalistas --- arquetipos de la ignorancia --- sirve al proposito de proteger con sus votos a los mercaderes.  Mientras Fortuño engatuza a los inocentes del fundamentalismo --- los creyentes de buena fe ---, protege y se lucra de los mercaderes que se roban hasta los clavos del templo del patrimonio público, mientras doña Luce simula adoración a las Escrituras, mientras se hace más millonaria con las otras “escrituras”, las de los bancos que se benefician de la legislación que Fortuño les aprueba.

¿Quiénes son los “apóstoles” de la analogía evangélica, encargados de sanear el templo, de virarle las mesas a los ladrones que se roban el bien común con contratos simulados y espurios?  ¿Jorge Rashki?  ¿El Heredia mentao?  ¿Otoniel Font?  ¿Wanda Rolex?  Pero estos no son “apóstoles” de nada que no sea lo mismo que fascina a Fortuño y sus mercaderes, el dinero.  Son mercaderes ellos mismos, buscones que venden el evangelio al mejor postor.

Representa una realidad muy triste el hecho de que las iglesias protestantes serias --- Luterana, Metodista, Episcopal, Presbiteriana, Discípulos de Cristo y otras, no hayan levantado su voz para impugnar esta burda venta del evangelio en plan de baratillo oportunista.

Parecería, por la conducta de estos mercaderes eclesiásticos, que el Cristo original vivió en vano, especialmente cuando hablaba de los pobres y los humildes, cuando si resucitara otra vez encontraría que sus nuevos apóstoles pentecostales han vendido su nombre y su mensaje por mucho más --- mucho, mucho más --- de treinta monedas.

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