martes, 31 de julio de 2012

Mensaje de L.M.M. Desde la Eternidad: ¡Si se dividen, se revientan!

Mientras exista la política democrática, existirá la política de partidos.  Los fundadores de la República norteamericana y su Constitución partieron de ese hecho terco.  No le llamaron partidos al principio, sino facciones, y en su defensa de la Constitución mediante los “Federalist Papers” --- especialmente en el número 10 --- no sólo aceptaron la tendencia partidista, que ellos llamaron “facciones” --- esto es, grupos organizados en torno a un interés común, sino que sostuvieron que no le asustaba el hecho, en cuyo caso mientras más facciones mejor, para que ninguna monopolizara el cuerpo político.

No bien habían transcurrido una decena de años después de establecerse la Constitución, ya la realidad política había cuajado en dos grandes partidos, los “federalistas” --- sostenedores de un gobierno federal fuerte, abuelos de los demócratas de hoy --- y los “anti-federalistas” abuelos de los republicanos de hoy, defensores de un gobierno federal débil, como campo abierto a la oligarquía del dinero, la industria y el comercio.  Jefferson lidereó a estos últimos y Hamilton a los primeros.

Docenas de veces en los 225 años de la República se ha intentado construir una tercera alternativa partidista, con muy poco o ningún éxito.  Primero, el “Progressive Movement” de Robert La Follete en el último tercio del siglo 19, que brilló por un rato y se extinguió al calor gravitacional del bipartidismo.  El intento se reanudó en 1948, cuando Henry Wallace y Rexford Tugwell, entre otros, fundaron el Partido Progresista como un partido democrático.  No llegó a ningún sitio ante el valor y el coraje de Harry S. Truman, que también de paso derrotó al fascista-racista George Wallace y su partido Dixie.

Esa lección está demasiado aprendida desde entonces, y cuando se olvida tiene un costo político altísimo para la democracia.  A la vista está.  Cuando Ralph Nader, el defensor de los consumidores y fiscal de los emporios capitalistas, fundó partidos mini --- comparados con los tradicionales ---, lo único que logró fue derrotar a Al Gore y a John Kerry, dos demócratas con programas imperfectos porque le restaron suficientes votos, en Florida y Ohio, como para elegir dos veces a George Bush --- su supuesto archienemigo ideológico.  Los partidos pequeños, que obedecen a aspiraciones ideológicas perfectas no tienen tracción en el electorado que sabe de donde le aprieta el zapato.  Pueden ayudar a derrotar, pero no pueden ganar.  Son gomas sin estrías --- sin tracción en la carretera electoral.

A Luis Muñoz Marín, de 1941 a 1964, trataron de crearle partidos alternos, y todos se estrellaron contra la masa democrática agradecida por la obra de transformación social y económica que el dirigió.  En su caso, la excepción probó la regla:  cuando en 1968 Muñoz sufrió un brote caudillista y quiso ahogar la voz del pueblo popular, un sector numeroso nos negamos a su pretensión antidemocrática y derrotamos al hasta entonces glorioso PPD.  El tiempo pasó, se confesó el error, y el PPD retomó su rumbo de democracia y justicia social.

Ahora bien, a la altura del 2012, frente a un gobierno de corte fascista y oligárquico, que ha diezmado la economía del País, su servicio público, y asaltado partidistamente todas las instituciones libres y los cuerpos de gobierno que antes administraban para todo el pueblo, para usarlos en forma partidista cruda y cínica, pretender dividir la fuerza de riposta del País en aras de partidos sin líderes reconocidos y sin gente, sin experiencia y sin programa comunicable, es fallarle al País.  Se trata del síndrome La Follete, o del síndrome Wallace, o del síndrome Ross Perot, o del síndrome Nader:  pueden hacer mucho daño y ningún bien al País.  Porque es momento de concentración de fuerzas contra el mal absoluto:  el fascismo oligárquico de Luis Fortuño y su brigada de saqueadores del patrimonio público.

Desde algún lugar radiante de la eternidad, Luis Muñoz Marín debe estar comunicándole una advertencia a los mini-partidos:  ¡Si se dividen, se revientan!  Votarán para conservar, de hecho, no de maldad, el mal absoluto que representa y dirige Luis Fortuño.  En ese caso, la perfección ideal de cada partido habrá derrotado toda la posibilidad real de rescatar a Puerto Rico --- como los griegos a Elena --- de manos de los bárbaros.

Si alguna duda cabe, de este razonamiento político --- no filosófico, no metafísico, no ideológico --- pregúntese el lector la situación previsible el 7 de noviembre, o el tres de enero del 2013:  ¿con qué va el MUS, o el PIP, o el PPT, o el PPR a rescatar la Universidad, el Tribunal Supremo, el Colegio de Abogados, Las Comunidades Especiales, AEELA, el Fideicomiso del Caño, y todas las instituciones tragadas por la maquinaria destructiva de Fortuño y sus huestes fascistas?

La pregunta en sí inquieta la inteligencia, porque desde la pretensión de ser revolucionarios sociales, esos partidos jurídicos, sin pueblo, habrán confirmado con su protagonismo insensato lo que dicen que aborrecen:  el fortuñismo rancio e implacable contra todo lo que huela a decencia en la vida pública de este País.

Todo lo anterior, en desprecio a una alternativa realista:  lo que ha hecho el MINH --- una cruzada de educación cívica, de reflexión, en busca de la inteligencia y sentido nacional de nuestro pueblo, a lo Eugenio María de Hostos.  Eso no destruye, eso queda, eso no le hace el juego a los enemigos del pueblo.

2 comentarios:

  1. Hola. Acabo de compartir el articulo en Facebook. Ud hace un comentario sobre el MINH
    que me parece muy atinado: solian ser los menos dogmaticos, los mas sensatos y dispuestos a asumir un proceso educativo, siguiendo el pensamiento hostosiano. Sin embargo (quisiera equivocarme), me parece que eso ha cambiado. Tengo la impresion de que el MINH sucumbio al chantaje de la izquierda dogmatica, empenada en dividir al pais en un momento de fascismo, con el argumento del giro a la derecha del liderato popular . Pedro Muniz anda con el proyecto del Partido del pueblo trabajador; Noel Colon ha dicho que votara por el MUS; y me temo que en esa actitud andan tambien el presidente (H. Pesquera) y el co-presidente (Julio Muriente). Por lo demas, he tenido la experiencia directa de ver miembros de dicho movimiento montarse en el argumento de los ''igualitos''; repitiendo las mismas generalizaciones que los llevan a hacer abstraccion de la realidad concreta. Muy oportuno su articulo.

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