lunes, 2 de julio de 2012

Libertad de Prensa y el Periodismo Sucio: el Caso del Vocero

Cuando observo en la calle, en el supermercado, en la farmacia, a ciudadanos sencillos, ingenuos, desavisados, ojear de gratis o comprar a veces ese pasquín político del PNP que se lama “El Vocero”, siento la tentación de acercarme y advertirles que la lectura de esa especie de Tío Satán no sólo ensucia las manos, sino que le ensucia la mente.

Pero la “libertad de prensa” es más poderosa como principio político que la ética que no tiene el periodicucho cuando la usa mal y la degrada.

El público lector debe tratar a ese pasquín de Fortuño y del PNP --- comprado y financiado por el gobierno a peso limpio --- como una hoja suelta múltiple que se coge y se tira.  Y así lo está haciendo, pero como el gobierno lo paga, el periodicucho sigue en su función de tarugo descarado de Fortuño, con dinero público que lo sostiene.

No faltará quien me diga: Ah! Pero la libertad de prensa lo protege, y yo digo sí… es preferible que un mugriento periodicucho siga vendiendo su basura a la represión o la negación de su derecho.  Hay que mirar las cosas con una mirada larga.  Cuando le falte el alimento que le da Fortuño, a “El Vocero”, le pasará lo que al pintor que le quitaron la escalera y la brocha no lo sostuvo.  Esas cosas se caen por su propio peso.

El periodicucho parece que se produce en la oficina de Kid Cajita ---  y tiene el imprimatur de su propia corrupción.

El periodismo serio --- no importa si en acuerdo o desacuerdo con el lector --- tiene tres principios rectores que el alcahuete editor del Vocero desconoce:
  1. Informar escrupulosamente los hechos --- que pasó, dónde, cómo, por parte de quién o quiénes, de una manera veraz, escrupulosa, profesional.  La verdad.
  2. Objetividad sobre lo que se informa y cómo se informa.  Este principio es ideal, nunca se cumple a cabalidad por seres humanos imperfectos, que tienen visiones que coloran los hechos, pero tiene que ser una aspiración persistente, a lo más que sea lograble.
  3. Si la verdad absoluta se le escapa al periodista o al editor, entonces a lo menos a que tiene que aspirar en honor a la vergüenza de la profesión es a un balance en la presentación de la información o la columna editorial o de análisis.  Claramente el editor de “El Vocero” no se siente capacitado para editorializar en una columna que le represente y opta por, tramposamente, editorializar en las noticias y los titulares y primeras planas en forma que las informaciones en sí no sostienen.
Tengo la impresión de que muchos de los periodistas de “El Vocero” no están dispuestos a firmar la basura que el señor Miller publica, porque tienen orgullo y formación profesional, y entonces esa basura aparece como de autoria anónima:  “La Redacción”.

De esa manera se la añade cobardía al engaño y a la degradación de una noble profesión.

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